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Aprender a discernir
Todo se decide en una elección. Y normalmente no es entre algo evidentemente bueno y otra cosa evidentemente mala. Más bien lo contrario: dos cosas aparentemente buenas. Y tenemos nuestros razonamiento interiores para hacer que, si nos descuidamos, optemos por la solución más fácil.

Para empezar a discernir la clave está en preguntarse qué es lo que Dios quiere de mí. Algo que no puede saberse si no se conoce qué es lo que yo quiero. Muchas veces nos daremos cuenta de que no es lo mismo, pero reconocerlo, ser conscientes de ello nos hará libres.

Encontrarás al principio sorpresas. La primera de ellas la confirmación de tu corazón. En tu interior el Espíritu desvelará lo que Dios quiere; es como una pequeña intuición que guía por grandes caminos. Y también te sorprenderá, si no estás acostumbrado, que te asaltarán miedos o te parecerá demasiado grande. Es decir, que al mismo tiempo dentro de ti se librará una pequeña lucha. Será entonces cuando comprendras que la elección que busca la voluntad de Dios no se debate entre "lo bueno y lo malo", sino que es cuestión de amor. Porque el amor une, porque el amor sabe confiar, porque el amor sueña más de lo que se puede controlar, el amor se lanza, es valiente, se entrega. Esta es la clave del discernimiento: alcanzar lo que Dios quiere porque "me quiere" y yo "quiero quererlo" como Él ama a los hombres.

para no quedarse en palabras
Para buscar lo que Dios quiere, lo mejor es que te lo preguntes: ¿Qué es lo que Dios quiere que viva? Y no te quedes en esto, sea lo que sea, vívelo. Día a día irás encontrando que Dios abre caminos nuevos, nos ofrece aventuras, y seguirle hace libres.
La vida es para vivirla, y es encarnando nuestros sueños, haciéndolos realidad donde descubrimos a Dios. Es en la realidad donde lo encontramos y nos dejamos encontrar. Es en la acción, y por eso nuestra pequeña sección de tareas vocacionales.