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Los irrenunciables
Me acuerdo inevitablemente de la película "Los intocables". Todos tenemos nuestras propias cosas irrenunciables. Esas que de pequeño nos preguntaban en los juegos: "Si te fueses a una isla, ¿qué diez cosas te llevarías?" Y es verdad. Crecemos y nos hacemos personas a partir de cosas que descubrimos como irrenunciables en nuestra propia vida: personas, momentos, circunstancias,...

Tampoco hay que excederse demasiado, porque ciertamente no van a ser muchas las razones de nuestra propia vida. Quizá queden reducidas, como los amigos, a esas cinco cosas, a esas personas concretas que están día a día y han estado conmigo siempre.

Pero hay "irrenunciables" de dos tipos. Unos que nos ayudan a caminar cristianamente y tejen nuestra vida de Evangelio, como si fuera un gran carril por el que circulamos. Y otros que impiden nuestra propia conversión. Cuando la generosidad se convierte en irrenunciable, y se pone al servicio del Evangelio, los pasos que se dan son gigantescos. Sin embargo, imagínate que es al revés, que es el egoísmo uno de esos irrenunciables.

Conocernos a nosotros mismos, es conocer a nuestros "irrenunciables". Configuran nuestra forma de ser, nuestras actuaciones, nuestras respuestas en determinadas circunstancias. Son ellos los que van tejiendo nuestro camino y horizonte. Piénsalo, y defínelos.

para no quedarse en palabras

Te proponemos que los escribas. Pero no como si fueran cosas, sino tus propias creencias. De esta manera: "Considero irrenunciable para mi vida creer en Jesús", "Es irrenunciable para mí el momento de grupo", "Nunca podré renunciar, para ser yo mismo, al amor y la justicia". Si tienes tiempo escribelos enunciados en un folio, y ponlos en un lugar visible de tu habitación, o incluso en el ordenador, para que los veas nada más empezar tu sesión, como fondo de escritorio.

Y luego, verifica si es verdad durante la semana. Comprueba si realmente todos tus pasos son semejantes a eso que crees. Quizá no siempre sea así, pero siéntete agradecido.

La vida es para vivirla, y es encarnando nuestros sueños, haciéndolos realidad donde descubrimos a Dios. Es en la realidad donde lo encontramos y nos dejamos encontrar. Es en la acción, y por eso nuestra pequeña sección de tareas vocacionales.