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Tanto en cuanto, para seguir avanzando

Muchas opciones. Siempre muchas, y cada vez más. Vas a un centro comercial creyendo que vas a comprar "algo para quitar el frío del cuerpo" y tienes, en la misma sección unas veinte opciones. Todas parecen buenas. Todas magníficas.

Y vas a elegir carrera, tus estudios, elegir qué hacer con tu vida, y lo mismo: ¡cuánto donde elegir! La vida ha sido creada maravillosa, con multitud de opciones. ¿Cuál será la mejor?

Las opciones vocacionales son, sin embargo, algo atrevidas siempre. Nos dejan sin conformarnos. Miramos alrededor, vemos qué eligen los demás. Lo de "vivir vocacionalmente" no está de moda siempre, sobre todo cuando no te permite hacer cualquier cosa o elegir por elegir.

¿Por qué no poner todo bajo un único prisma? Sólo elegir tanto en cuanto me ayuda servir más al Señor. Impedir que me llene de cosas, sin más. No formar parte de la espiral de nuestra sociedad, porque sabemos bien que no todo vale igual, que no da lo mismo. No es elegir por elegir, ni dar pasos por darlos, ni porque toca... sino con un criterio fuerte: el Reino, la propia vocación, el sueño de mi vida, lo más maravilloso que soy y tengo. ¿Cómo elegir así?

Esta es la clave: optar tanto en cuanto. Y ser sincero. Porque en el "tanto en cuanto" encontraré a Dios y seré feliz, descubriré mi vocación. Estudiar "tanto en cuanto" me ayuda a vivir junto a Dios, pero si no me ayuda porque hay otra opción mejor, abandona. Dar tiempo a los demás "tanto en cuanto" me conduce a amar más y mejor, y elegir bien las personas que más me ayuda a amar. Descansar "tanto en cuanto"... ser libre, tener dinero, gastar, disfrutar de la vida... eligiendo siempre aquello que es mejor, "tanto en cuanto".

¿Qué hay debajo de todo esto? Algo muy sencillo: Las cosas son en la medida que tienen algo con lo que las comparo y un fin. Si el fin de la persona es convertirse en uno más dentro de su sociedad, aquello que buscará sera lo que le ayude a esto. Si el fin es vocacional, vivir como cristiano... lo que haya a su alrededor tiene que estar a la altura. De lo contrario, empequeñecerá su propia llamada. ¿Para qué esto? ¿Para qué esto otro? ¿Por qué la música, por qué internet, por qué estudiar, por qué trabajar, por qué tener amigos, para qué ayudar a otros? Todo está en la medida que pongamos, en la altura del listón.

"El Espíritu os lo contará todo"

para no quedarse en palabras

Algo atrevido. Elige, a lo grande, una vida que te ayude a servir a Dios. Elige la vida "tanto en cuanto" sea lo mejor para poder servirle.

Y elige, a lo pequeño, en lo cotidiano, algo que puedas entender que te ayuda, o no, a servir a Dios. Fíjate bien, porque esto del "tanto en cuanto" es para todo: tanto en tus estudios, como en tu trabajo, como con las personas que tienes cerca. Todo es "tanto en cuanto".

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La vida es para vivirla, y es encarnando nuestros sueños, haciéndolos realidad donde descubrimos a Dios. Es en la realidad donde lo encontramos y nos dejamos encontrar. Es en la acción, y por eso nuestra pequeña sección de tareas vocacionales.