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Llamado para algo muy grande

Un Señor que llama a sus siervos uno a uno, que los busca, dialoga con ellos. Un Señor que dedica tiempo a sus siervos, no es un señor de este mundo, es más que un amigo. A mí me explicaban así cómo era Dios cuando era niño. Pero lo comprendí de mayor. Y añadí mi propia frase: "Un Señor que me quiere tanto, sólo puede llamarme a algo grande."

 

El otro día unos chavales, en la escuela, me dijeron mis alumnos que yo era un cura distinto, que no conocían nadie así y que esto les había cambiando la visión de algunas cosas. La verdad es que creo que todos los curas hemos escuchado bastantes veces. No somos nosostros los que hemos formado los estereotipos. Antes, las personas se acercaban a la Iglesia, y sabían cómo eran los sacerdotes y qué hacían. Ahora, como están un poco lejos, por así decir, hay que enseñarles quiénes somos.

Esto creo que es lo más bonito de mi vocación. Mostrar al mundo cómo es Dios. Antes la gente iba a Dios, ahora tenemos que acercárselo. Y lo hacemos de muchas maneras, con palabras y con obras. Ninguna de las dos es suficiente: por mucho que hagamos, tenemos que decir por qué estamos aquí, y siempre surge la oportunidad; y por mucho que hablemos, la gente no se dará cuenta hasta que no comparta con nosotros parte de esta vida. ¡De verdad!

Cuando paseo por la calle, sé que Dios me acompaña. Soy un cura de ciudad, en mi mundo... y Dios no me abandona ni un solo segundo. Puedo orar en cualquier sitio, vivir, moverme. Donde vaya, buscar a Dios y mostrárselo al mundo. Pero en la clase... ¡ese lugar es especial! En el silencio del cuarto, en la oración... ¡no todos los lugares son iguales!

Curar heridas, servir, ayudar, atender, escuchar, dar una palabra de ánimo, confiar, creer, celebrar, acompañar, enseñar, conducir, orientar, conciliar, perdonar, entregar, guardar, mostrar, ser signo, preparar, trabajar con otros, descubrir, estar preparado para cualquier cosa... esto son tareas del día a día. Ciertamente, son "algo muy grande". Llegué sin ninguna preparación para la mayoría de ellas. Sólo escuché su llamada, y confié. Ahora, la verdad es que asusta un poco ver todo de golpe, pero han sido pasos.

No se descubre todo de una vez, se va poco a poco. Con mucha oración, sinceridad y paciencia. En el camino de la vida, y esto lo decimos todos por activa y pasiva, además se unen personas que son capaces de hacer fácil lo difícil, que abren las miras.

para no quedarse en palabras

¿Y tú? Cuando escuchas que "Dios te llama", ¿piensas en algo grande? Si tuvieras que contarle a alguien cómo es Dios, qué ha hecho por ti, dónde está... ¿qué le enseñarías de tu vida? Sin muchas palabras, ¿qué le mostrarías? El mundo necesita conocer a Dios, necesita saciarse, calmar su sed, encontrar a quien realmente puede curar su amor y darle sentido y plenitud. ¿Cómo lo harías?

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¿Serás tú?

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