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Entiendo que a las personas les preocupe vivir bien. Soy el coordinador de Acción Social y tengo una perspectiva del mundo donde la pobreza desaría que no ocupara ningún rincón del mundo. Pero no se trata de esto cuando digo que "soy pobre". Y tampoco estoy con la crítica continua en la boca sobre el consumismo, la superficilidad, el bien estar, la comodidad... Ni uno ni lo otro.

Digo que soy pobre, y lo digo con sentido, cuando siendo ecónomo de mi comunidad descubrí que nuestros bienes eran compartidos y que nuestra casa estaba abierta a todos. En ese momento, comprendí el sentido de mi pobreza y cómo puede estar al servicio del Reino.

Me explico. Me di cuenta de que podía estudiar porque otros hermanos compartían sus bienes, que tenía coche para ir y venir donde fuera necesario por eso, porque nos preocupábamos los unos por los otros. Sobre todo cuando un padre de mi comunidad, ya mayor, asumía todo lo que podía hacer por el bien común. Eso sí es pobreza. Y me ayudó mucho verlo entonces, y deseo guardarlo siempre en mi memoria. Eso era ser pobre como Cristo pobre, que dio lo que tenía, tiempo y vida.

 

para no quedarse en palabras
No es tan fácil, se llama compartir, impedir que "lo que es mío" sea "sólo mío". Romper la barrera del egoísmo es el gran objetivo de la pobreza. En nuestro cuartos habitualmente se acumulan "cosas y cosas" que nunca más vuelven a salir de allí. ¿Qué tal si ordenas tu cuarto? ¿Qué tal si mañana compartes algo de lo que tienes con quien más lo necesita? Te harás grande, no perderás.
Esta es nuestra vida de escolapios. Te presentamos esos momentos en los que se ha hecho realidad aquello de lo que hablamos: su presencia, nuestro servicio, nuestra libertad y vocación.