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Mis maestros, en la vida diaria

Entre los escolapios, llamamos maestros a esas personas que son responsables de nuestra formación y que se convierten en acompañantes en el camino.

Siempre recordaré unas palabras que alguien especial me dijo cuando fui a vivir mi primera experiencia: "Abre tu corazón. Sé sincero". Supongo que son muy sencillas, pero a mí se me quedaron clavadas en el corazón.

Y fueron dando sus frutos...

Mis maestros han sido unas personas con quienes abrir sinceramente mi corazón, evitanto las cerrazones, las faltas justificaciones. Durante el prenoviciado iba a visitarle a su cuarto en muchos momentos. Él estaba o leyendo o estudiando, o preparando cosas. Pero todo quedaba al margen y comenzábamos a dialogar. Allí aprendí el valor del diálogo continuo y me sentía afortunado por poder compartir con tanta facilidad.

Algo había ocurrido en mí. De ser un joven que vivía al día, me había convertido a través de tanta conversación en una persona reflexiva. Pero no sólo eso. Este pequeño ejercicio de "abrir y abrir el corazón" también me había permitido conocerme mucho más, y a través de él, lo que Dios susurraba en el corazón. Casi sin darme cuenta había pasado de "me lo estoy pasando bien" a decirme a mí mismo que "estaba en el lugar donde Dios quería y por eso estaba tan feliz". E igualmente con los miedos, a fuerza de hablar sobre ellos, se quedaron en simples miedos. Eso, un miedo más. Eso de allí, nada más que cansancio, pero poco más. Y se fue tranquilizando todo.

He tenido maestros muy distintos, sinceramente. De distintas edades, aunque la mayor parte jóvenes. En ellos he encontrado alivio y consuelo, he compartido lágrimas y crisis, he compartido y puesto delante del Señor mis sueños y mis iniciativas, he contrastado mis decisiones. Si tuviera que hacer un elenco de todo lo que he expuesto, sería incapaz.

Pero, de todo, lo que más me impresiona es la facilidad que Dios me dio al principio para comprobar que esta experiencia de apertura y diálogo se ha convertido en algo fundamenta. Sin algunas palabras, sin gran parte de estos diálogos, yo no sería quien soy. No por lo que me decían simplemente, sino porque Dios se hace presente en medio de nosotros cuando buscamos su voluntad. Esto sí está contrastado. He sido testigo de ello y doy gracias a Dios.

para no quedarse en palabras

Sencillamente, abre tu corazón. Si encuentras alguien así, como mis maestros con quienes puedas hablar, no porque sean tus amigos sino porque buscan la voluntad de Dios y lo mejor para tu vida, hazlo. No tengas miedo. Lánzate. Si encuentras alguien así y pierdes la oportunidad por miedo, has perdido uno de los grandes lugares donde Dios se hace presente a los hombres: cuando dos o más buscan su voluntad, hacen comunidad, se construye el Reino. Fíate.

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