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María Magdalena
Dios te dará lo que desea...
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Me preguntan qué quiero ser.
deseo

Decir deseo y decir insatisfacción debería ser igual. ¿No has comprobado que siempre deseas más? Seguro que has tenido ya la experiencia de la inconformidad continua de las personas, de haber alcanzado esta meta y al instante ver la siguiente. Es algo tan propio de las personas que por eso tiene un matiz vocacional excepcional.

En relación a la vocación los deseos apuntan a las grandes metas de la persona. Se desea el amor, se desea la felicidad, se desea que todo sea perfecto, se desea ser conocido. Se desea superar el propio miedo y los límites, ir más allá continuamente. Se desea porque en el interior de las personas el mundo se mueve en otras claves.

 

Pero casi siempre el motor de los deseos suelo ser "yo mismo". Son mis deseos los que he aprendido a dar voz, los que dialogan continuamente conmigo y me proponen nuevas puertas y caminos. ?Y si encontrase alguien comprometido conmigo en mis deseos más profundos? ?Y si alguien me acompanase hasta el final, hasta el punto de compartir conmigo mis propios deseos? ?Y si mis deseos los hiciese suyos, si me ensenase a dibujar con sinceridad qué deseo realmente y qué es algo superfluo?

Sin duda sería un ejercicio hermoso en el que aprendería que lo que llamo "deseo" algunas veces no es más que "modas pasajeras". Sin duda entraría en un mundo, propio y personal, que se queda con lo auténtico, con el corazón, con lo que permanece. Dicen los grandes maestros de la tradición cristiana que el hombre no quiere para sí lo que muere, sino lo que da vida para siempre. No deseamos por tanto "cosas", sino vida, y si algunas veces nos "lanzamos apresuradamente entre las cosas" es porque entendemos que nos dan vida, que nos van a ayudar a vivir mejor. ?Cuántas veces sin embargo experimentamos frustración después, como si nos abandonasen nuestros deseos? Sencillamente, nos habíamos confundido, hemos errado, hemos gastado nuestras fuerzas en conquistar algo que no da vida.

Y el deseo permanece, es constante. Sigue senalando de forma ininterrumpida que la persona no puede saciarse con facilidad, que no hay "cosa" que la llene. Y el deseo continúa quemando interiormente. Y el deseo avanza hacia el amor, hacia la vida.

?Qué tiene que ver todo esto con la vocación? Aprender a conocer qué son deseos realmente personales, de vida y amor, y qué son enganos que se han "cubierto" con el manto del deseo sin serlos. Apartar unos y comenzar a escuchar a esos otros. El deseo, como palabra interior del hombre, también viene de Dios. Y vocación es escuchar, con sinceridad y sin confusión, qué es lo mejor para el hombre.

para no quedarse en palabras
Dios se vale de tus deseos más íntimos. Pero tienes que ser sincero, no quedarte en superficialidades y no confundir en tu camino lo que es pasajero y lo que te invita a vivir algo para siempre. ¿Te atreves a hacer, a los ojos de Dios, una pequeña lista con tres cosas que deseas y que Dios realmente quiere para ti? Por favor, no te quedes en lo superficial y tópico, sé sincero.
Tarde o temprano necesitas las palabras para saber qué ocurre en tu vida. Y no da igual cómo lo digas.