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La experiencia de las diferencias
Dignidad

Por mucho que hablemos de "ser persona", de "crecer juntos", de "respetar a los otros", de "ser diferentes e iguales", de "derechos humanos", cada vez que buscamos nuestra dignidad acabamos perdiendo la batalla. Se esconde de nuestra mirada, no es fácil dar con ella; sabemos que está, pero no encontramos su rincón, su lugar, allí donde vive. Sabemos que por el hecho de "ser personas" tenemos algo especial que nos configura, pero ¿cómo encontrarlo? ¿Cómo encontrarlo en los demás y en mí?

 

Dale cuantas vueltas quieras en tu cabeza, lee todos los libros que quieras. Nunca encontrarás la dignidad de las personas de la misma manera que se encuentra una aguja en un pajar o una cosa entre muchas otras. No se busca de la misma manera, porque es algo especial y totalmente diferente al resto de cosas que conocemos. De hecho, encontrarla, si la pudiésemos encontrar, sería una experiencia de infarto.

Imagina que alguien pudiera contarte cuánto de digno eres, la dignidad que implica ser persona. No son galones, no son medallas, ni títulos. Es algo gratuito, que todos hemos recibido. Imagina que alguien pudiera decirte aquello para lo que estás "hecho" y formado. Imagínalo por un instante.

Gran parte de la dignidad de las personas consiste precisamente en que nadie puede decirle quiénes son, que son ellas mismas quienes tienen que descubrirlo, quienes tienen que abrirse a sí mismas de igual manera que se descubre, poco a poco, el mejor de los regalos y los tesoros.

Pero en toda esta maravilla, a nuestro pesar, existen muchas estancias y muchas dificultades. Viven cerca quienes una y otra vez intentan convertir esta dignidad en algo manipulable, y la felicidad en algo que se compra. Existe el peligro de dejarnos reducir, de conformarnos por la edad o por las circunstancias sin ir más allá de ellas. Y entre las estancias, están aquellas maravillosas que nos deslumbran, pero nunca son el final: nuestra libertad, nuestras capacidades, nuestra maravilla, nuestras relaciones... Ninguna de ellas, pese a las apariencias, encerrarán tu dignidad.

para no quedarse en palabras

No dejes que nadie te diga quién eres, pero escucha a los otros. Quizá otros tengan, en este camino, más experiencia frente a las tiniblas del inicio. Y desecha de tu vida cuanto intenta limitarte en esta tarea.

Tu dignidad, como todo tesoro, requiere camino largo, mapas, la isla y los peligros donde está escondido. Y nada, a pesar de los miedos, puede parecerse a la aventura para encontrarla. Sin duda, como en todas estas historias, no estarás solo.

 

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