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"Ilusión", no es ficción

Todos llevamos dentro un secreto que nos convierte en niños, un deseo que cuando se cumple nos ilusiona y nos transforma la cara. A eso, que nos mantiene vivos, le llamamos "ilusión", porque soñamos muchas veces con ese momento, porque nos "ilusionamos", porque nos hace volver a pensar que en la sencillez hay un tesoro escondido.

 

La palabra "ilusión" nos trasporta a un mundo mágico, cargado de fantasías, que nos permite soñar de nuevo y ahondar en la vida que llevamos, desde otra perspectiva. A la persona que no se ilusiona, le decimos con aire de tristeza, que parece que no ha tenido infancia. Porque precisamente en la infancia es cuando se forja este espíritu aventurero y valiente. Y porque precisamente en la infancia, en nuestra debilidad e inocencia, eran otros los que fraguaban para nosotros, con una dedicación importante, los mundos de reyes y de princesas, la noche de los Reyes Magos y el regalo del ratoncito Pérez. Y eran otros, y no nosotros, los que "curraban" para que todo nos pareciera aún mayor.

Ahora, la ilusión del adulto se ha hecho realista. Da en la clave del amor. Y cuando se recibe un regalo, se abraza al instante a la persona. Y cuando se recibe una llamada de aliento o una invitación, se devuelven sonrisas. La ilusión no varía, sigue permanente. Se ha transformado, y gira hacia lo importante: un mundo diferente.

Perder la ilusión, como perder la sonrisa, es una tragedia. Y tiene difícil recuperación. Se puede transformar, pero ay de quién la pierda. Se puede hacer más realista, pero ay de quien se la deje robar. Porque la ilusión es como un don delicado y frágil que con amor y esmero se construye, sin embargo muestra el lado más frágil y sincero de las personas, que no son "tocables" de cualquier manera.

Bienaventurados los que se ilusionan y sueñan con lo que hacen, porque de ellos será el Reino de lo imposible.

para no quedarse en palabras

¿Te ilusionas? ¿Qué te ilusiona? ¿Por dónde giran tus decisiones: cuidando la ilusión, o dejando que cualquiera diga lo que quiera? ¿Eres capaz de defender, como en la noche de Reyes, tu fe, lo que has visto y oído?

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