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La experiencia de las diferencias
Inquietud

Nacemos, crecemos... y nos inquietamos. Parece que pertence a la misma esencia del ser humano, "ser inquieto". No puede quedarse "quieto" sin más, impasible. En cuanto se para escucha el latir de su corazón y sus programas. ¡Haz la prueba, si no sabes a qué me refiero!

Pero no todas las inquietudes son iguales. Mientras unas nos desvelan, las otras nos despiertan. Somos nosotros mismos quienes las potenciamos o frenamos con nuestras "comeduras" de tarro.

Por sus frutos las conoceréis. El primero, las que nos ayudan a estar serenos y centrados, las que nos gastan sin cansarnos, o las que mantienen nuestra relación con el mundo sin perder el sentido de quiénes somos. Cuando esto nos sucede, la inquietud nos conduce por el mejor camino. Un segundo signo: despierta nuestro deseo de ser mejores personas, y de continuar a pesar de las dificultades; siendo realistas, no nos dejamos consumir por las angustias del mundo en el que vivimos. Un último signo: el de la libertad; son inquietudes que "me reclaman como persona libre", no como esclavo. Ningún esclavo podrá cumplir esta misión; la inquietud santa guía la libertad pero no la controla.

Las peores son las otras. Son las inquietudes que se parecen a las preocupaciones del Evangelio, que poco a poco lo llenan todo, se abren paso por cualquier sitio y contaminan todo. Lo que empezó en la escuela con un pequeño detalle, pasa a la vida personal y a la casa en la que vivimos. Contra ellas, lo mejor es no darle vueltas y saber dialogar. Poner remedio cuanto antes, sin agotarse en las palabras. El problema es que este tipo de inquietudes, nunca vienen solas. Se llaman entre sí y lo malo atrae a lo peor. Quien ante este tipo de "movimiento del corazón" pone remedio ocultándose, sin hacerle frente al instante, e intenta ocultarlas, pronto se dará cuenta de que ha perdido el rumbo de su vida. Ya no es él quien domina, sino que se deja dominar.

Ahora que empieza el curso, tú decides. ¿Cuál de las dos quieres que te mueva?

para no quedarse en palabras

Divide una hoja en dos. Escribe con sinceridad tus inquietudes más grandes y más altas, junto a las cosas que te preocupan y roban tu tiempo. Con las segundas, acompaña una palabra que te ayude a no darles voz. Rompe el papel, arrúgalo y tíralo. Las primeras ponlas en un marco, debajo del cristal de tu escritorio, en tu corcho, en tu agenda... Durante una semana, tenlas bien presentes. Descubrirás que lo anterior es verdad.

Comentarios
Ester (España)

Me encantan todas y cada una de las secciones, esta semana estoy desmigando "palabras", aunque por supuesto me gusta mucho relatos y preguntas. Momentos resulta tierno, pero nada como discernir los tipos de inquietudes para nuestras vidas. Además, está todo narrado de una forma tan bonita, tan corta pero comprensible, que resulta hermoso sentarse a leer algo tan fresco. Siento una enorme gratitud, porque es una forma de ayudar a vivir en la fe, diferente y facil

 
Tarde o temprano necesitas las palabras para saber qué ocurre en tu vida. Y no da igual cómo lo digas.