Palabras: Defensa

 

 

 

Es entonces cuando esto de defenderse se vuelve tibio y peligroso, nos instala en una cierta comodidad hiperprote-gidos hasta de nosotros mismos, de nuestros interrogantes, de las llamadas que recibimos al servicio. Formas, culturales o sociales da igual, que nos invitan a la "defensa" en este mal sentido serían, por ejemplo, la rutina, la "automatización" de ciertas respuestas y comportamientos que no son fáciles de cambiar, la ausencia de una verdadera escucha en la oración y en la vida, o la respuesta cómoda ante los grandes interrogantes que Dios nos plantea.

para no quedarse en palabras

¿De qué te defiendes?

PP. Escolapios -EPV