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Si no sois como niños... no entraréis

El Evangelio para Calasanz se interpreta desde una sencilla Palabra de Vida: "Si no os hacéis como niños... no acogeréis a otros niños que necesitan ser amados".

Jesús se sentó. Puso a un niño en medio. Él era el discípulo más atrevido y valiente. Otra vez habló en parábolas: "Lo que hacéis a uno de estos a mí me lo hacéis."

A la luz del Evangelio, los escolapios se ven a sí mismos como niños cercanos a un Padre que los ama. No infantiles, pero sí niños que deben aprender cómo funciona nuestro mundo y para qué tantas cosas; como niños estamos llamados a dejarnos guiar, y deseamos dejarnos llevar y conducir por aquel que más nos ama; como niños sabemos que necesitamos amor, y que el amor verdadero se recibe en familia, por eso hacemos familia; como niños comprendemos la debilidad, propia y ajena, sin asustarnos; y como niños, nos lanzamos a hablar con aquellos que sufren, sin grandes palabras pero sí con pequeños gestos; como niños, queremos vivir inocentemente, sin prejuicios que nos separen de los demás; como niños, valoramos la alegría y espontaneidad, la verdad sin tapujos y dicha libremente; como niños nos agrada saber que estamos "en la base", "en lo más pequeño" y cotidiano, sin grandes aspiraciones, viviendo el presente; como niños que deben ir a la escuela, y allí aprender, así afrontamos cada día la tarea de educar y dejarnos educar.

Jesús en el Evangelio identifica a un niño con el Reino, porque de los que son así es la libertad evangélica, las locuras que se le ocurren a Dios. Para un niño no existen los límites, y los escolapios soñamos de esta manera. Soñamos con la justicia, pero también con un mundo en el que todos reconozcan que Dios es un Señor que se ha dejado llamar Padre, al que todos pueden acceder sin previas audiencias y sólo con una oración. Para Jesús el Reino es un niño porque Él es también así, con corazón valiente y atrevido, sin haber caído en las redes y preocupaciones de los adultos, perdiendo la esperanza. Un niño, que ha llegado ahora a este mundo, no comprende por qué suceden ciertas cosas ni las comparte, vive de otra manera. A un niño, y esto es una maravilla, cuando se le habla del amor le cambia la cara y cuando se le dice "te quiero", da un abrazo sin límites y confiado. Los escolapios deseamos vivir así, a imagen de Jesucristo, como un niño que se deja amar por el Padre y a quien desean abrazar siempre.

para no quedarse en palabras

¿Has dejado de ser niño? No lo pierdas. ¿Qué te permitiría vivir así? ¿A quién te atreverías a abrazar sin pensar en otras cosas, simplemente disfrutando el abrazo porque alguien te quiere? ¿Te dejas amar por Dios?

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La Palabra, que presentamos en forma de relatos, ilumina el corazón del hombre. Experiencias en las que Dios se encuentra con la persona, en singular, y la llama por su nombre..