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En el momento de la creación

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.

Todo sin hacer. La luz, la tierra, el mar, los seres que en él viven, las estrellas, el mar... y el ser humano. Creados después de que todo estuviera completo y bien ordenado. Cada uno de los seres conocía su lugar, pero al ser humano lo creó libre.

 

Contemplar este momento. Todo fue creado para ti y por ti. Fue un signo de amor. Imagina el inicio de los tiempos. Dios ya soñaba contigo. Mira dónde te encuentras hoy, en medio de un mundo que es anterior a ti, lo has recibido, te lo han regalado. Está lleno de vida. También existen en él muchas cosas creadas por los hombres. No hay rincón vacío.

En este mundo, Dios quiso situarte en el centro. Porque tienes capacidad para ser "señor" de todo, para dominarlo y utilizarlo. Todo cuanto fue creado, te lo han regalado para que llegues a tu vocación, para que encuentres el lugar que te corresponde. No eres una cosa más entre todas, no te confundas. Eres criatura, con algo especial: fuiste creado a imagen del mismo Señor, del Hijo. Plenamente libre, capaz de tomar tus propias decisiones, de conducir tu vida, de buscar.

Todo cuanto hay, es para ti. Para que continúes con la obra del Señor. Eres llamado a ser "creador", creativo, constructor. Igual que Dios creó la luz, tú vida es para iluminar y continuar poniendo claridad en las tinieblas. Igual que el Señor sembró con su palabras el cielo de estrellas que engrandecían el universos y llamaban la atención para mirar hacia arriba, tú lo mismo, eres llamado a poner tu palabra al servicio de este mundo y de tus hermanos, con capacidad para sembrar bendiciones por donde vayas. Igual que el mundo ofrece la solidez de la tierra porque Dios así lo quiso, también tú puedes ofrecer a otros un lugar seguro donde vivir y ser felices si haces de tu existencia un sitio acogedor, donde reine la alegría. Igual que Dios quiso que todo fuese regulado por el día y la noche, y todo en orden, tú estás llamado a enderezar aquello que fue roto, a poner paz en mitad del odio, a enseñar al ignorante...

Y para esto, Dios necesita que seas libre. Para que lo hagas igual que Él: por amor. Porque tu libertad, igual que la de Dios, cuando está movida por el amor es capaz de crear cosas asombrosas. Dale rienda suelta a tu libertad, a tu amor. Deja que se unan en tu vida: tus decisiones y tu capacidad de amar, tus opciones de vida y actitudes ante los demás, con el don que Dios te ha regalado. Ilumina tu vocación, dale solidez... contempla a Dios y recupera la imagen que hay en ti.

para no quedarse en palabras

Contempla la creación desde las claves propuestas. Relee tu vocación desde la clave "Igual que Dios...", permitiendo que en tu oración la libertad y el amor se encuentren. ¿Por qué lugares te conduce? ¿Qué mundo maravilloso queda creado? ¿Cómo es tu entorno, tu ciudad, lo que llevas en el corazón? ¿Cómo queda después de dejarse tocar por Dios de esta manera?

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¿Serás tú?

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La Palabra, que presentamos en forma de relatos, ilumina el corazón del hombre. Experiencias en las que Dios se encuentra con la persona, en singular, y la llama por su nombre..