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Una mirada intensa

Jesús lo miró con cariño y le dijo...

Un joven se acercó a Jesús. Buscando respuestas. Creyendo que por fin su corazón descansaría, que encontraría grandes soluciones. Y lo primero que descubrió fue una palabra de acogida y de amor. Después vendrán las respuetas. Pero sin prisa. Detén los pasos, y avanza en la verdad.

Jesús se quedó sorprendido. Le presentó primero el amor en palabras. Y después...

le amó con la mirada. Con una mirada distinta. Con una mirada más allá de la misericordia y de la cercanía. Con una mirada que desvela los secretos que el corazón oculta y que se esconden en el corazón. Con una mirada que llega a lo profundo de la humanidad doliente, pero también de esa humanidad repleta de bondad, de sueños, de confianza. Con una mirada que ama. Las palabras, con las que el joven ya estaba familiarizado, pasaron a un segundo plano. Y el amor se concretó en el encuentro. El joven quedó al descubierto. Jesús vio en él aquello que ni el mismo conocía. Y Jesús soñó delante del joven. Por fin alguien valiente, con corazón de niño, que ha vivido siempre a la escucha de la Palabra, con facilidad para "las cosas de Dios".

Así que.. sólo una cosa te falta. "Lo que tienes véndelo y dáselo a los pobres." Jesús le abrió el camino del Reino, la puerta más estrecha que había. Jesús le miró y descubrió en él un corazón sincero. Pero Jesús conoció más de lo que aquel joven conocía de sí mismo. Jesús le miró desde la plenitud, él se conformó con verse "en camino". Jesús vio su último paso, la desición valiente definitiva, donde la libertad y el amor se entrelazarían, pero él mismo estaba acostumbrado a verse en la mediocridad, en el mero cumplimiento. No estaba familiarizado con el "más" del amor, con el "más" de la libertad, con el "más" de los valientes.

Aquel hombre, ya crecido, había dejado de ser joven. Se fue conformándose con lo de siempre. Volvió a su vida. Dios le amó, y aún así regresó a sus búsquedas de antes.

para no quedarse en palabras

¿Qué hacer con las "miradas de Dios"? ¿No es cierto que, cuando nos ponemos en oración y dejamos que Dios nos muestre "el camino" sus palabras son siempre más grandes y valientes que las nuestras? ¿Será que nos "mete" en demasiados embolados? ¿Será que él cree más en el hombre que el hombre mismo? ¿Será que su mirada es inocente, que no piensa tanto en las "malas consecuencias"? Dejáte mirar por Dios.

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¿Serás tú?

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La Palabra, que presentamos en forma de relatos, ilumina el corazón del hombre. Experiencias en las que Dios se encuentra con la persona, en singular, y la llama por su nombre..