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Como busca la cierva corrientes de agua (Sal. 41)

Así te busca mi alma, Dios mío.

Recuerdo un lugar donde estuve de forma especial. Parecía transformado mi corazón. Escuchaba con fuerza, todo en mí era recibir y recibir. Saciarme. Y descubrí mi sed.

Real como la vida misma. Metido en el día a día no me había dado cuenta de la sed que tenía. Sed de verdad, sed de bien, sed de amor verdadero, a cambio de nada. Sed de Dios. Sed pasional, sed cariñosa, sed tierna, sed sincera, sed punzante, sed de humanidad y de justicia. Sed.

 

Como busca quien ha encontrado, como busca quien tiene sed. Como quien ha aprendido el lugar donde verdaderamente se encuentra alimento para el alma... Como busca esa cierva su alimento, así te busco a ti, Dios mío.

Bien podría haber dicho esto anterior el salmista que escribió esta poesía. La imagen bella, nos sitúa andando. Sabemos dónde tenemos que llegar, a dónde tenemos que ir. No nos podemos quedar aquí. Hemos saboreado el agua pura de otros lugares, y esto no sacia. Distinguimos, porque hemos probado algo de la plenitud, que no todo sacia la sed. Que detrás de ciertas alegrías se esconden tristezas, y detrás de algunas tristezas, existen alegrías que esperan. No todo es igual. Ni sacia lo mismo.

Aquel día que estaba entre los niños, la celebración de la Eucaristía con el grupo de jóvenes. La convivencia en la que, tras anunciar la Palabra, alguien me dijo que el silencio había escuchado que Dios le amaba. Aquel momento en el que preparábamos una sala, y pusimos una imagen de Jesús llamativa, que luego recordaron todos los muchachos durante toda su vida. El momento de la consagración religiosa, cuando en el corazón le das a Dios todo cuanto tienes. En el despacho por la tarde atendiendo personas, o en el cuarto con todo apagado, orando apaciblemente en el silencio.

Da igual. No es cuestión de lugares. Es cuestión de Dios. De no alejarme, de acercarme, de buscarle en mi día a día. Dios es agua que corre, que crece cada día, siempre novedosa. Frente a otras, que parecen estancadas, Dios es agua siempre viva.

para no quedarse en palabras

Intenta aprender este salmo durante la semana. Escríbelo en un lugar especial, para poder mirarlo. Quizá en tu habitación, óralo. Desea encontrar su voluntad, estar con Él para que te sacie. ¿Qué te sale del corazón? ¿Hacia dónde caminar para no separarme de Él? ¿Qué elegir para estar siempre con Él?

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La Palabra, que presentamos en forma de relatos, ilumina el corazón del hombre. Experiencias en las que Dios se encuentra con la persona, en singular, y la llama por su nombre..